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Siempre tuve la intuición de que algo extraño y oculto sucedía en aquel lugar. La manera informal en el comportamiento de los empleados, su horario inusual de comienzo de actividades, tan desfavorable con relación a la competencia. Sus luces, sombras y aquel espacio restringido al cual muy pocos tenían acceso. Estaba en lo cierto.
Lo discutí con algunas amistades mías. Me trataron de loco, pero no lo estaba ni lo estoy en estos momentos.
Cuando ingresé a ese lugar por primera vez, me dio la sensación de que algo sucedía allí. ¿Por qué se pondría un centro de videos juegos en una zona de cafés y restaurantes?
Me había obsesionado con el hecho de pensar que ocurría un misterio. Me propuse llegar al fin de éste.
Era extraño, muy a menudo este local cambia de cajeras, guardias o encargados, como si nada. ¿Qué habrá sucedido para hacer estos cambios drásticos? Recuerdo que una vez charlé con una cajera, simpática era, y estaba contenta con su trabajo, pero… ¿Por qué? ¿Qué sucedía con ellos?
Como supondrán soy un cliente habitual de este sitio, hace ya desde tres años.
La parada casualmente se encuentra casi enfrente de este lugar, Psico Games.
Así fue como descubrí este sitio, digo descubrí ya que a simple vista es difícil de distinguirlo, situado entre un banco y un boliche nocturno.
Fui creando un plan, con el paso del tiempo.
El plan es bastante sencillo. Como ya he mencionado antes, este centro cambiaba a sus empleados frecuentemente, pero estaba seguro de que ellos sabían lo que ocurría a su alrededor. Pensé que lo que ocultaban me lo explicarían esa noche, con alguna especie de ceremonia de iniciación.
Me tenía que ocultar en alguna máquina antes de la hora en la cual cerraban.
Decidí poner en marcha mi plan, se lo conté a uno de mis amigos, para que luego sirviera de testigo. Me pareció que el más discreto era Oscar, pero se resistió a acompañarme, finalmente aceptó.
Ahora era todo cuestión de tiempo.
Ocurrió un mediodía como cualquier otro. Ingresé por la entrada, un túnel de metal, cuando llegué al fin de éste atravesé la puerta de vidrio, me encontré con esa expresión de indiferencia fingida, de las nuevas cajeras.
Me examinaban de pies a cabeza con sus ojos negros, seguramente les llamó la atención la expresión de mi rostro. Pedí tres fichas, como siempre. Una de esas cajeras era muy bonita, observé su pelo lacio, su figura esbelta, entre otras cosas.
El movimiento que procede a la aparición del dueño del establecimiento, o de su esposa, era calificado como histeria total.
La señora Batch mostró su presencia cerca de la una de la tarde, intercambió unas palabras con el administrador, y luego se marchó. Estaba muy alejado como para escuchar su breve conversación, pero supuse que se trataba de la “iniciación”.
Estaba todo listo, mi mochila con refrigerios por las dudas, una linterna, una navaja de mis tiempos de explorador y unos binoculares. Oscar llevaba lo suyo, pero por sobre todo llevábamos una cámara grabadora y nuestros celulares con crédito recién cargado. Y en nuestras casas dijimos la mentira más fácil, estaríamos en la casa del otro.
Llegamos a Psico Games cerca de las nueve, ya que cierra a las once y treinta. Jugamos a algunos juegos charlamos con amigos, y luego nos ocultamos.
Oscar como es de baja estatura se ocultó en un juego infantil con forma de una boca de mujer gigante, en el cual se podía ver absolutamente todo el establecimiento. Yo en cambio, aproveché la forma de la pista de carreras para mimetizarme con ella.
Había llegado la hora de actuar, se apagaron las luces, el encargado de seguridad dio su último recorrido, sin encontrarnos, se apagó la música y las voces desaparecieron, el silencio era total. Sin embargo, ni Oscar ni yo nos animábamos a salir de nuestros escondites, y se me cruzó por la cabeza que Oscar dormía mientras yo vigilaba.
CONTINUARÁ...
(Cáceres, Biondo, Muñoz y Celecchí)
jueves, 9 de agosto de 2007
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