lunes, 13 de agosto de 2007

La noche del 23 de abril (Parte I)


La noche del 23 de abril
La noche del 23 de abril, noche en que se enterró al empresario más reconocido de la Argentina, Juan Smith, con setenta y cinco años, era dueño de la empresa de comunicación mas ganadora del mercado, poseedor de una gran suma de dinero, propietario de tres campos y una docena de yeguas pura sangre, caballos de polo, la gran mayoría eran ganadores.
Esa misma noche, en el momento que Brian Smith entraba con su Porche al garage de su casa, un solo disparo de un arma de fuego retumbó. Según el forense la muerte de Brian Smith había sido ocasionada por perdida de sangre, ya que la herida no era mortal, sino grave. La noticia no tardó en aparecerse en diarios, revistas, noticieros y programas del espectáculo. “¡Brian Smith el único heredero de la gran fortuna de su padre, asesinado!”

El, de 45 años, heredero de todo esto, era jefe del departamento de relaciones públicas de la empresa, encargado de cerrar todos los tratos, dirigir el centro de atención al cliente y entrevistarse con las personas que se acercaban a la empresa con quejas o dudas, hombre de gran labor y uno de los responsables por el cual la empresa había llegado a ser la mejor del país. Casado con Claudia Centurión, padre de Agustín de dieciséis años y Bárbara de nueve años.
El golpe era duro, la familia estaba dolida, pero el detective del departamento de homicidios tenía que hacer su trabajo. Era hora de exponer coartadas, mentiras y verdades. Las pistas eran claras, fue un disparo de una pistola 9 milímetros de cerca a la altura del hígado. Los videos captados por la cámara de seguridad instalada en el garage, mostraban que el asesino lo había tomado por sorpresa y una vez efectuado el disparo lo acomodó boca arriba. Y mientras lo acomodaba, la cámara captó un susurro del señor Smith hacia el asesino.

Luego de unos días, la investigación comenzó, los sospechosos eran muchos y las pistas no tantas. La primera interrogada había sido la señora Smith, que decía no haber estado en el momento del crimen, y que estaba con su mamá, la testigo que lo comprobaba, y sus hijos se encontraban en la casa de la familia Smith.

Luego estaba la última novia que había tenido Juan Smith. Lucía González una secretaria de unos veintinueve años con la que el compartió cuatro años de noviazgo, algo raro ya que la diferencia de edad era abismal; tal vez Lucia ansiaba la muerte de Juan para poder obtener alguna parte de su dinero pero al enterarse de que éste le había dejado toda su fortuna a su hijo enfureció y decidió matarlo en un acto de locura.

- Cuénteme Lucía, ¿podría haber matado usted al heredero de tres campos con doce yeguas y al poseedor de cincuenta y cinco millones de dólares?- le preguntó el detective Gutiérrez con un tono de agotamiento después de horas de trabajo.

- Me imagino lo que debe pensar al igual que todos, “la secretaria que se acerca al viejo Smith por dinero”, aunque no lo crea yo me enamoré de él, no le voy a negar que el dinero pudo haber sido una de las razones por la cual me pude haber acercado al principio a él, pero después me enamoré profundamente y aunque no haya heredado nada de su parte no es razón para matar a su hijo, con el cual mi relación era de lo mejor.- le contestó aquella secretaria cansada de que la culparan por un crimen que según ella no cometió.

- Esta bien señorita González, dígame entonces, ¿que hizo la noche del 23 de abril? – le preguntó Gutiérrez con un tono bastante descortés. - Aquella noche después del velatorio de mi amado Juan Smith decidí quedarme en la oficina recordando viejos tiempos con él; los hombres de seguridad y las cámaras lo pueden comprobar. – le contestó ella ya cansada de la desconfianza.
El detective Gutiérrez comprobó que lo que decía Lucía era cierto después de hablar con varios hombres que habían hecho guardia aquella noche en las oficinas Smith. Esto se empezaba a complicar, quién y por qué pudo haber matado a Brian Smith .El detective Gutiérrez había decidido comenzar a investigar si había problemas en aquella familia y si los había averiguar de qué gravedad eran.
Interrogó a varias mucamas y chóferes de la familia para saber si estos sabían o si pudieron haber oído algún problema de la familia. Una de las mucamas contó que últimamente la pareja no estaba pasando por su mejor momento y que se la pasaban discutiendo por cualquier cosa, estos hechos contaron, había ocurrido un cambio en la señora Smith, ya que comenzó a beber más de lo común. Otra cosa que también le habían comentado a Gutiérrez fue que el señor Brian Smith pasaba menos tiempo con su familia y que a veces ni llegaba a dormir a su casa, la excusa era siempre la misma “había demasiado trabajo y me tuve que quedar”, pero estas palabras ya no eran nada confiables para la recién viuda.
El detective con todo lo que había escuchado de los trabajadores de la casa del difunto decidió volver a investigar a Claudia Centurión, la esposa de Brian Smith.
- Dígame la verdad Claudia, qué pasaba realmente en el matrimonio de usted con el señor Brian Smith.- preguntó Gutiérrez.
- ¿Qué intenta decir con esa pregunta?, ¿me está culpando de la muerte de mi marido?- dijo desconcertada.
- Lo único que intento es descubrir la verdad, para que su marido descanse en paz, ¿no cree que eso es lo correcto?- dijo con un tono algo irónico.
- Sí, pero eso no lo va a conseguir culpando a la mujer que lo amaba. Supe que estuvo en mi casa interrogando a mis empleados, también sé que le dijeron la verdad, últimamente mi matrimonio no estaba en su mejor momento pero eso no implica que quisiera matar a mi marido.
- Según todo lo que escuché hasta ahora me da un indicio de que su marido podría haber tenido un amorío aparte, y esto pudo ser una razón para querer matarlo.
Y seria comprensible, se podría haber querido divorciar de usted y así también poder quedarse con la tenencia de los niños ya que usted no tenía ningún sustento, y nunca hubo contrato prenupcial; pero si algo le pasaba a su marido lo más probable era que usted herede toda la fortuna ¿no es así?
- ¡Usted está loco! Cómo puede pensar eso, mi marido me era fiel y nunca me podría haber engañando y a mí nunca se me ocurriría matarlo. – contestó ya en un tono bastante agresivo.
Habían pasado ya 4 días del asesinato, y cada vez se complicaba más, Gutiérrez pensó en hablar con el resto de la familia.
- Hola Agustín, ¿te acordás de mí?, preguntó el detective Gutiérrez a ese joven muchacho.-Soy el detective a cargo del homicidio de tu padre- agregó a esa pregunta cordialmente.
- Ah, sí. ¿Qué necesita?- preguntó el hijo del difunto
- Quería averiguar algunos datos para la investigación.





Continuará...

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